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El
proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito
maravillosamente por Jesús en la parábola llamada
"del
hijo pródigo", cuyo centro es
"el Padre misericordioso"
(Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria,
el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en
que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su
fortuna; la humillación profunda de verse obligado a
apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse
de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión
sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la
decisión de declararse culpable ante su padre, el camino
del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría
del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de
conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de
fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna,
llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a
Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el
corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor
de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su
misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de
belleza. (CIC 1439)
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En
Comunidad lo celebramos dos veces, en los tiempos
fuertes del año: como preparación a la Navidad y Pascua.
También puedes recibir este Sacramento siempre que lo
desees a las seis y media de la tarde todos los días,
llamando al sacerdote. |