NO HAY VACACIONES PARA DIOS

Ni que decir tiene que el ser cristiano no está reñido con las vacaciones, al contrario.. Hacer vacaciones no es para huir de nuestra misión personal y comunitaria sino es hacer una parada técnica.

Las vacaciones es un tiempo para descansar del trabajo cotidiano (del remunerado y el no remunerado), pero no olvidemos que la mayoría de las veces nos montamos unas vacaciones que tienen de todo menos del descanso físico, mental y mucho menos espiritual.

Siempre me acuerdo del hijo de un compañero que, después de recorrer con sus padres media Italia, les dice a sus padres: ¿Pero, cuando hacemos vacaciones?

Hay cansancios que tienen la característica que no desaparecen por hacer vacaciones, pese a que ayude.

Voy a enumerar dos tipos de cansancios, sacados de la Militancia no cierra por vacaciones (JOC, verano 2008)

  1. El activismo: Normalmente llegamos a las vacaciones cansados, hay muchas causas que nos hacen vivir un cúmulo de cosas y no un estilo concreto de vivir. Entre ellas destaca la vida laboral que tiene una dinámica absorbente, sobre- acelerada y totalitaria que afecta nuestra dimensión psicoafectiva... También la vida familiar
  2. La saturación: Otro mal que nos produce cansancio es el exceso de estímulos y reclamos y la poca capacidad de filtro que tenemos. Queremos vivir muchas cosas en un tiempo corto y acabamos saturados porque no tenemos tiempo para interiorizarlo. ¡Cuántas personas, cuantos cristianos somos esclavos de la agenda! Una agenda cargada de muchas actividades (reuniones, actos, encuentros, visitas a la familia, estudio, ir a comprar...) que no tienen el mismo peso específico pero que, desgraciadamente, lo ponemos en el mismo saco.

¿Estos dos cansancios y otros muchos se puede curar con el descanso sabático?

El descanso sabático consiste en el descanso del cuerpo y del alma, la paz del corazón y la tranquilidad del espíritu. Este sábado se siente en el amor a uno mismo; otras veces brota de la dulzura del amor fraterno y alcanza su plenitud en el amor de Dios (”El espejo de la caridad” Monte Carmelo, Burgos 2001)

La Biblia deja claro el sentido del descanso de Dios: Dios había acabado su obra. El día séptimo se repuso de toda su obra creadora

El mismo Jesucristo tenía su lugar de reposo y de gratuidad: Betania. Un lugar para descansar y después volver a la misión evangelizadora

El cristiano/a debe tener claro los tres ejes que estructuran el sentido último del descanso:

  1. Un espacio para permitir que todo aquello que tenemos de humano pueda resplandecer
  2. Tiempo para los otros,
  3. Tiempo para Dios,

Y además frente al activismo y la saturación de-beríamos:

El descanso del activismo:
Una tarea de nuestras vacaciones seria evitar el “desmadre” que pide el cuerpo y romper con el estado de sobre-aceleración y de estrés, recuperando un ritmo de vida más humano; recuperando a la persona y su capacidad de relación con otras personas, de relacio-nes gratuitas, de contacto con la naturaleza
El descanso de la saturación:
Un antídoto contra el cansancio de la saturación es la distancia (no la fuga, que sería otra cosa). Volver a tener la agenda limpia. Pero, a la vez ser consciente de que si no se cambia algo en nuestro interior, la agenda se llenará en las mismas vacaciones. Hace falta el vaciamiento de uno mismo para escoger y ordenar desde el discernimiento. Por lo tanto, no sólo sería cuestión de saber lo que yo quiero sino saber lo que Dios quiere de mí. El cristiano necesita una práctica para saborear la vida, aprender a decir que sí y a decir que no, para dejarse llenar sólo por Aquel que descansa y no cansa. También puede ayudar en este proceso potenciar momentos gratuitos de relación (pareja, amigos/as, familia, compañeros/as, Dios...), o disfrutar de un buen libro, una buena película, una excursión, un paseo..

Todo ello se lo pedimos con la oración que Jesús nos enseñó:

PADRE NUESTRO EN BERMUDAS (José María Es-cudero)

Padre nuestro que, este año, has escogido el mismo lugar de veraneo que nosotros.
Que tu nombre no deje de sonar hasta las tantas de la madrugada en el karaoke que Tú has instalado en nuestros corazones.
Que este verano, al fin, arrases en la lista de ventas y tu palabra se convierta en el número uno.
Venga a nosotros tu reino, el único destino que a pesar de no aparecer en ningún catálogo, es una “ganga” y hace que, con muy poco dinero y mucho corazón, pases unas vaca-ciones inolvidables.
Hágase tu voluntad en la playa y en la montaña, En el chiringuito del barrio y en la casa de los abuelos..
Sobre todo, que allá donde vayamos, no olvidemos que Tú veraneas a nues-tro lado.
Danos hoy el pan de cada día, un pan que, ojala este verano más que nunca, par-tamos y compartamos con aquellos que, un año más, les tocará veranear donde normalmente inviernan.
Perdona nuestras ofensas, sobre todo cuando nos olvidamos de sacarte billete y no te queda más remedio que... hacer dedo para reunirte con nosotros. Solo así entenderemos, perdonaremos y acompañaremos a tantos hermanos nuestros embarcados en cruceros de desencanto, indiferencia, odio o sin sentido.
No nos dejes caer en la tentación de pasar un verano más sin verte, sin quedar contigo, sin invitarte a unas tapas, sin compartir mesa y sobremesa, sin tomar el sol (o la sombra, qué más da...) a tu lado.
Y líbranos de regresar a nuestros hogares con la maleta repleta de recuerdos y baratijas y el corazón vacío y apenado. Amén...

                                                                                 ¡Feliz verano!