Queridos amigos:
En estos tiempos que diariamente desayunarnos con noticias tan desalentadoras como que la tasa de paro no cesa de crecer me entristece escuchar testimonios de personas como el que oí el otro día de boca de un compañero de trabajo.
Estoy cansado de trabajar y de ver a la misma gente, camino a mi trabajo todos los días. Llego a casa y mi esposa sirvió lo mismo de la comida para cenar. Voy a entrar al baño y mi hija de apenas año y medio no me deja porque quiere jugar conmigo, no entiende que estoy cansado. Mi padre también me molesta
algunas veces y entre clientes, esposa, hija, padre, me vuelven loco, quiero paz. Lo único bueno es el sueño, al cerrar mis ojos siento un gran alivio de olvidarme de todo y de todos.
Lo más chocante (por denominarlo de alguna forma) de tan egoísta reflexión no es que esta persona en ningún momento se dé cuenta de lo afortunado que es, tiene una familia que lo quiere desinteresadamente pese a que él les ponga malas caras ante sus muestras de cariño, o que no sepa valorar cuán afortunado es de poder acudir a un trabajo, de poder comer diariamente; sino que se permite la licencia de sentirse hastiado de la vida.
Tristemente no es un sentir único sino que hay mucha gente que piensa así, que aún teniéndolo todo se deja vencer por el desánimo.
Por eso ahora que corren tan malos tiempos a nivel económico me anima enormemente conocer testimonios de personas anónimas que se unen para ayudar en lo que sea a otras personas.
- ¡Todo no está perdido!, me digo. El poder de la gente, cadena de favores, vecinos solidarios, ongs altruistas... .todo vale a la hora de arrimar el hombro.
- No hay nada más bonito que volver al espíritu de las primeras comunidades, dónde lo poco que había era de todos y todo se compartía en unión fraternal.
Ese espíritu es el que se respiraba en nuestra fiesta del barrio anual y que sería ideal lo haríamos extensible al resto del año.
A las personas egoístas que siempre ven el vaso vacío les recomendaría la película “Qué bello es vivir”. Película que aborda el asunto del heroísmo de la gente anónima. Esa gente que lucha día a día por mantener a sus familias y procurar un bienestar a la gente que les rodea, despreocupados del propio egoísmo material.
Sólo entonces verán las cosas con los ojos del corazón y tomarán conciencia de que su pesar tiene una pronta solución: hacer felices a los demás.
Qué ese espíritu solidario esté presente en estos meses de descanso, amigos. Recordad que tras las vacaciones aún nos queda mucho por continuar y que os estaremos esperando con los brazos abiertos. Agradeciéndoos vuestra desinteresada participación en este curso pastoral me despido.